21 jun. 2011

10.

10
Desperté otra vez en el hospital. Era la 6 vez en mi vida, la primera cuando nací, la segunda cuando me intente suicidar, la tercera cuando volví a intentarme suicidar, la cuarta un ataque de asma y las dos ultimas desde que conocí a Noa. Su cabeza estaba apoyada en la cama, y sus ojos mojados. Yo tenia puesto aire. Estaba seguro de que había sido otro maldito ataque, era la tercera vez que me pasaba. Uno fue leve, otro casi me muero y en este, este pensaba que había sido provocado por mí. Estaba claro que queria llamar la atención de Noa para que no me dejara. Puse mi mano sobre su pelo y lo acaricie suavemente.
-¿Eh? ¿Víctor?
-¡Buah!, buenos días.
-¡Víctor!-se levanto y me abrazo.
-Ajam-tosí.
-Lo siento…
-No importa, me encanta que me abraces.
-Es la segunda vez que casi veo que mueres en tu salón por mi culpa. Creo que tendríamos que dejar de vernos.
-Oye, esta vez no ha sido tu culpa. Se que no debería fumar, y aun así lo hago, es mi castigo.
-Como te vuelva a ver fumando, te meteré el cigarrillo por el ombligo y te lo sacare por el culo. ¿Entendido?
-Yes, my lady.
-Qué tonto eres. Raúl esta fuera, voy a decirle que pase.
-Como quieras-abrió la puerta.
-¡Tú, gilipollas!-y en vez de un abrazo, me lleve una bofetada.-¿Cuántas veces te he dicho que no fumes?
-Tranquilo, mamá, ya no lo volveré a hacer.
-Eres un idiota, y tú no te rías que no ayudas, Noa.
-Lo siento, pero es que sois All Hanshin-Kyojin-no paro de reír.
-¿El qué?
-Es un dúo cómico japonés, en el que uno es alto y otro bajito. Justo como estáis ahora-se limpio unas lagrimillas que le salían.
-Déjala, cosas japonesas suyas.
Pasamos un buen rato, luego Raúl se tuvo que ir, porque solo se podía quedar una persona. Le dije a Noa que se fuera pero no me hizo caso. Al día siguiente ya estaba bien. No tenia fiebre ni estaba cansado. Entonces llego mi madre.
-¡Víctor, hijo! ¿No te podemos dejar solo o qué?
-Hola mamá.
-Buenos días, Marina.
-Menos mal que estas con él, si no se habría quedado en el sitio-la dio dos besos.
-No es nada, es lo mínimo que puedo hacer por él.
-El medico a dicho que hoy te dará el alta, lo malo es que mañana tenemos que irnos a Nueva York, por lo menos tu padre, tiene que ver una escena. Yo me puedo quedar aquí.
-Tranquila mamá, Noa esta conmigo, no me pasara nada.
-Bueno, esta bien. Anda guapa, vamos a tomarnos un café abajo, te invito yo.
Y ahí me dejaron, solo con mis pensamientos. Cerraba los ojos y pensaba en Noa, ya no me dolía el pecho, pero si notaba como el corazón se me encogía. Soy un ñoño, ya lo sé. Soy demasiado romántico, pero no dejaba de pensar que quizás ella no lo supiera. Estaba claro, tenia un plan.
Por la tarde llegue a mi casa, y mi madre me obligo a quedarme encerrado en mi habitación, tumbado en la cama como cuando era estaba malo de niño. Noa, subió y me trajo una sopa caliente. -¡Qué rica! ¡Sopa caliente en julio!
-No te quejes que te la a hecho tu mamá con todo el cariño. Además, ya se acaba el mes.
-Pues más calor todavía. Bueno, me vale, pero esperare a que se enfríe un poco.-puso la bandeja en mis piernas.
-¿Te aburres aquí?
-No veas cuanto. Queria poner música, pero como me levante y entre mi madre veo mi muerte temprana.
-Ha, ha, ya veo. Te la puedo poner si quieres, o subirte el ordenador o la play.
-Me harías un gran favor.
-Claro-se levanto y se acercó al equipo.-¿Qué pendrive pongo? ¿O tienes el ipod?
-El ipod esta hay encima, pero de todas maneras enciéndelo, dentro etarra el disco que quiero escuchar.
-A sus ordenes-encendió el equipo.-Esto… ¿“Come as your are’’?
-Sí, conoces Nirvana.
-Era un buen grupo. Me encanta su música.
-Y a mi. La muerte de Kurt fue una putada.
-Sí… Bueno, ahora subo.
No entendia nada, pero cuando sono la canción su rostro entristeció. ¿Qué le ocurría? Subió el ordenador e intente averiguar más.
-Mira, tengo una copia de la carta de Kurt.
-Oh, ya la había visto. Es muy impactante.
-Lo es. Oye, ¿te ocurre algo?
-No, ¿por?
-Es que… No sé. Estas extraña.
-¿Estoy? Soy extraña, parece que no me conoces.
-Anda, ¿quieres ver una película?
-Claro.
-Elige.
-Um… V de Vendetta.
-Vale.
-Para el carro, ¿la tienes?
-Sí, es una de mis películas favoritas.
-Anda… Voy a por palomitas.
-¡Súbetela que esta en el sótano! ¡Pídesela a mi padre!
Otra vez ese rostro. Estaba empezando a preocuparme por ella, era extraño verla triste, aunque no era la primera vez que la veía así.
Intente acercar mis altavoces y conectar el ordenador a la pantalla de televisión desde la cama, pero solo conseguí tirarme la sopa, todavía caliente.
-¡Me caguen la…!
-¡Hijo! ¿Qué estas diciendo?
-Ah, mamá. Me he tirado la sopa encima. Mierda como quema-salí corriendo al baño y me quite la ropa.
-Dios, hijo, eres un desastre. ¿Qué imagen se le va a quedar de ti a la pobre chica? ¡Noa! ¡Cariño, ¿me puedes traer el cesto de ropa que hay abajo?!
-¡Sí!-se oía.
-Ah… Así mejor-me eche agua.
-Aquí tienes.
-Gracias Noa, eres una ayuda-empezó a rebuscar y saco unos calzoncillos.-Toma hijo, tus calzones favoritos.
-Joder, mamá, se llaman boxer y no puedo salir.
-¡Da lo mismo! ¡Sí yo ya te lo he visto todo!
-¡Mamá por dios!-Noa se reía de mi desgracia.
-A ella le da igual, se tapa los ojos-cogí una toalla y salí.
-Gracias-se lo quite y al girarme se me cayo la toalla.-¡Mierda!
-¡Ay, que culito que tiene mi niño!
-¡Mamá!-entre corriendo en el baño.
La risa de Noa se podía oír en toda la casa, era una risa contagiosa y dulce, como ella.
-Hacia mucho que no me reía tanto. “Ay, que culito que tiene mi niño’’.
-Cállate o te echo de mi habitación. Anda, vamos a ver la película.
-Ay, eres más mono cuando te sonrojas-me beso la mejilla.
-Vuelve a hacer eso, y saltare a por ti como un león en celo.
-Vale, vale-volvio a reír.
Mis padres se fueron al día siguiente, eran buenos padres y se despidieron de nosotros.
-¡Come bien!
-Que sí…
-Bueno, por si acaso-me beso la mejilla de tal manera que casi me la arranca.
-Noa, lo dejamos a tu cargo, ¿lo cuidaras bien?
-Por supuesto.
-Ya sabes mi número, nos vamos que nos espera el taxi. ¡Adiós!
-¡Adiós!-nos despedimos a coro.
-Oye, ¿qué narices haces tú con el teléfono de mi madre?
-Me lo ha dado, para que le cuente tú vida.
-Dámelo ahora mismo, anda.
-Ven a por él-y acabamos corriendo el uno detrás del otro.

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